José Abellán, cardiólogo: caminar y entrenar la fuerza son claves para proteger el corazón
Las enfermedades cardiovasculares no aparecen de un día para otro. En muchos casos, son el resultado de años de hábitos poco saludables, entre ellos el sedentarismo. El cardiólogo José Abellán defiende que recuperar el movimiento cotidiano y mantener una buena condición física puede ser una de las medidas más eficaces para cuidar la salud del corazón.
Su mensaje se centra en una idea sencilla: caminar debería formar parte de la rutina diaria. El especialista considera que no se trata únicamente de hacer deporte de manera ocasional, sino de reducir el tiempo que pasamos sentados y mantener el cuerpo activo durante toda la jornada.
El sedentarismo también afecta al corazón
La falta de actividad física influye en numerosos factores relacionados con el riesgo cardiovascular. Cuando el movimiento desaparece de la vida diaria, puede favorecer el aumento de peso, la hipertensión arterial, la alteración de los niveles de colesterol y una peor regulación de la glucosa.
Estas condiciones pueden dañar progresivamente las arterias y aumentar la probabilidad de sufrir enfermedades como la cardiopatía isquémica, la insuficiencia cardiaca o un accidente cerebrovascular. Por eso, el ejercicio no debe contemplarse solo como una herramienta para mejorar la imagen corporal.
Para Abellán, los problemas de corazón son, en muchas ocasiones, la consecuencia visible de una acumulación de decisiones poco beneficiosas: moverse poco, pasar demasiadas horas sentado, descuidar la alimentación o no controlar determinados factores de riesgo.
Caminar como hábito diario
El cardiólogo presenta caminar como un auténtico mandamiento de salud. La recomendación no exige necesariamente acudir a un gimnasio ni realizar entrenamientos complejos. Caminar a buen ritmo, desplazarse a pie siempre que sea posible o subir escaleras son formas sencillas de incorporar actividad física.
La clave está en la regularidad. Una caminata puntual puede resultar beneficiosa, pero los efectos más importantes llegan cuando el movimiento se convierte en una costumbre estable. También es conveniente interrumpir los periodos prolongados de sedentarismo levantándose, dando unos pasos o realizando pausas activas.
La intensidad debe adaptarse a la edad, la forma física y el estado de salud de cada persona. Quienes llevan tiempo sin hacer ejercicio pueden comenzar con paseos cortos y aumentar progresivamente la duración. Ante síntomas como dolor en el pecho, falta de aire intensa, mareo o palpitaciones, es necesario detenerse y consultar con un profesional sanitario.
La importancia del ejercicio de fuerza
Además de caminar, Abellán destaca el valor de los ejercicios de fuerza. Trabajar la musculatura ayuda a conservar la masa muscular, mejora el equilibrio y facilita la realización de las actividades cotidianas. También puede contribuir a mantener un metabolismo más activo y a controlar mejor el peso y la glucosa.
El entrenamiento de fuerza no implica levantar grandes cargas. Puede realizarse con el propio peso corporal, bandas elásticas, pesas ligeras o ejercicios adaptados a cada capacidad. Sentarse y levantarse de una silla, hacer movimientos controlados de brazos o trabajar las piernas son algunas opciones para iniciarse.
En personas mayores, este tipo de actividad adquiere una importancia especial, ya que ayuda a prevenir la pérdida de autonomía. Siempre debe plantearse de forma progresiva y, si existen enfermedades previas, con la orientación de un médico, un fisioterapeuta o un profesional del ejercicio.
Prevenir antes de que aparezcan los síntomas
Uno de los principales retos de las enfermedades cardiovasculares es que pueden avanzar durante años sin producir señales evidentes. La ausencia de molestias no significa que el corazón y las arterias estén completamente protegidos.
Por este motivo, la prevención debe incluir revisiones periódicas y el control de la tensión arterial, el colesterol, la glucosa y el peso. También es fundamental evitar el tabaco, moderar el consumo de alcohol, dormir suficientemente y seguir una alimentación variada, basada en alimentos frescos.
- Caminar todos los días y reducir el tiempo sentado.
- Incorporar ejercicios de fuerza de forma progresiva.
- Controlar la presión arterial, el colesterol y la glucosa.
- Mantener una alimentación equilibrada y no fumar.
- Consultar antes de empezar si existen enfermedades cardiovasculares u otros problemas de salud.
Una estrategia sencilla y constante
La propuesta del cardiólogo no se basa en soluciones rápidas, sino en recuperar hábitos básicos que durante mucho tiempo han formado parte de la vida cotidiana. Caminar más y fortalecer los músculos son medidas accesibles para buena parte de la población y pueden complementar el seguimiento médico.
Cuidar el corazón empieza por moverse, pero la prevención cardiovascular debe entenderse como un conjunto de hábitos. La actividad física regular, una alimentación saludable y los controles médicos forman una estrategia más sólida que cualquier medida aislada.



