Bertomeu alerta del impacto de la propuesta de la NBA sobre la Euroliga
Jordi Bertomeu, antiguo máximo responsable de la Euroliga, ha expresado su preocupación por el rumbo que puede tomar el baloncesto europeo ante la propuesta de la NBA para ganar peso en la organización y el control de las principales competiciones del continente. En su opinión, resulta complicado identificar aspectos positivos para Europa en un modelo que, según ha advertido, supondría una pérdida importante de autonomía.
“Es difícil encontrar algo positivo para el baloncesto europeo”, afirmó Bertomeu al valorar el planteamiento de la liga estadounidense. El exdirigente considera que la iniciativa no debe analizarse únicamente desde la perspectiva del crecimiento económico o de la expansión internacional de la NBA, sino también atendiendo a sus consecuencias sobre la estructura histórica del baloncesto europeo.
Una advertencia sobre la pérdida de control
La principal objeción de Bertomeu se centra en el control que la NBA pretende ejercer sobre el futuro de las competiciones europeas. A su juicio, esa hoja de ruta “significa un retroceso muy significativo” para un modelo que, con sus dificultades, ha construido durante décadas una identidad propia y una relación particular entre clubes, ligas nacionales y aficionados.
El debate va mucho más allá de la posible creación de nuevos torneos o de una mayor presencia de la NBA en el mercado europeo. Lo que está en juego, según esta visión, es quién tendrá la capacidad de tomar las decisiones estratégicas: los organismos y clubes que forman parte del ecosistema continental o una entidad externa con una estructura empresarial y deportiva diferente.
La NBA cuenta con una marca global, una gran capacidad de inversión y una experiencia consolidada en la explotación comercial del deporte. Sin embargo, el baloncesto europeo responde a una lógica distinta. La promoción y los descensos, el peso de las ligas nacionales, la diversidad de mercados y la tradición de los clubes son elementos que no encajan necesariamente en un modelo idéntico al estadounidense.
El futuro de la Euroliga, en el centro del debate
La Euroliga se encuentra en una posición central dentro de esta discusión. La competición ha evolucionado en las últimas décadas hasta convertirse en el principal escaparate continental, con una audiencia internacional creciente y una rivalidad deportiva cada vez más consolidada. Para Bertomeu, cualquier cambio que afecte a su gobierno debería preservar la capacidad de decisión del baloncesto europeo.
El exmáximo dirigente ha defendido históricamente la necesidad de que los clubes tengan un papel determinante en el diseño de la competición. Desde esa perspectiva, la entrada de la NBA podría aportar recursos y visibilidad, pero también alterar el equilibrio de poder existente. La cuestión no es solo cuánto puede crecer el producto, sino quién fija las reglas y con qué objetivos.
Los clubes europeos buscan aumentar sus ingresos, mejorar sus infraestructuras y competir en un escenario internacional cada vez más exigente. La propuesta estadounidense puede presentarse como una oportunidad para avanzar en esos ámbitos. No obstante, Bertomeu pone el foco en el coste que podría tener ese crecimiento si implica renunciar a una parte sustancial de la identidad y la independencia del baloncesto continental.
Más ingresos, pero también más riesgos
La posible colaboración con la NBA abre interrogantes sobre el calendario, la relación con las competiciones domésticas y la distribución de los recursos. Una expansión del número de partidos europeos podría aumentar la exposición y los ingresos, pero también elevar la carga para los jugadores y complicar la coordinación con las ligas nacionales.
Ese equilibrio es especialmente delicado en un deporte que ya afronta una temporada muy exigente. Los equipos disputan partidos de competición doméstica y europea, mientras que los jugadores internacionales deben incorporarse además a las ventanas de selecciones. Cualquier nuevo formato debería responder a estas limitaciones y evitar que el crecimiento comercial se produzca a costa de la salud de los deportistas o del interés de las competiciones locales.
También existe una preocupación relacionada con la concentración de poder. Si una única organización asumiera una influencia decisiva sobre el calendario, los derechos audiovisuales y el modelo de competición, los clubes más pequeños podrían quedar en una posición de mayor dependencia. La fortaleza histórica del baloncesto europeo se ha apoyado en la diversidad de proyectos y en la conexión con sus ciudades, una característica que no debería perderse.
Una decisión que marcará el baloncesto europeo
Las palabras de Bertomeu llegan en un momento en el que el futuro de las competiciones continentales genera un intenso debate entre clubes, ligas y organismos deportivos. La posible llegada de la NBA puede acelerar la transformación del baloncesto europeo, pero también obliga a definir qué modelo se quiere construir y cuáles son los límites que no deberían cruzarse.
El mensaje del antiguo dirigente es claro: la modernización no puede confundirse con la sustitución del modelo europeo por otro diseñado desde fuera. Para que cualquier acuerdo tenga recorrido, será necesario garantizar la participación real de los clubes, proteger el vínculo con las ligas nacionales y mantener una competición reconocible para los aficionados.
La NBA puede ofrecer una plataforma global y nuevas oportunidades comerciales, pero el baloncesto europeo deberá decidir si esa ayuda se incorpora como una alianza o si acaba convirtiéndose en una tutela. En esa diferencia se encuentra, precisamente, la preocupación expresada por Bertomeu y uno de los debates más trascendentes para el futuro de la Euroliga.



