Terapia asistida con caballos para apoyar a mujeres y menores víctimas de violencia
La terapia asistida con caballos se incorpora como una herramienta de apoyo para mujeres y menores que han sufrido situaciones de violencia. El alcalde, Luis Partida, y la consejera de Familia, Juventud y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, Ana Dávila, han visitado un centro ecuestre en el que se desarrollan estas sesiones.
La iniciativa combina la intervención profesional con actividades guiadas junto a los animales. El objetivo es ofrecer un espacio seguro en el que las personas atendidas puedan trabajar aspectos emocionales, recuperar confianza y avanzar en sus procesos de recuperación.
Un recurso complementario para la recuperación
La terapia asistida con caballos no sustituye a la atención psicológica, social o jurídica especializada. Su función es complementar esos recursos mediante una metodología basada en la interacción con el animal, el acompañamiento de profesionales y la realización de ejercicios adaptados a cada participante.
En el caso de las mujeres y los menores víctimas de violencia, este tipo de intervención puede contribuir a reforzar la autoestima, mejorar la comunicación y facilitar la expresión de emociones difíciles de verbalizar. La actividad se plantea siempre atendiendo a las circunstancias personales y al ritmo de cada persona.
El contacto con los caballos exige calma, atención y coordinación. Preparar al animal, acercarse a él o realizar tareas sencillas bajo supervisión permite trabajar la confianza y la percepción de control en un entorno diferente al de la consulta convencional.
La atención a mujeres y menores víctimas de violencia
La recuperación tras una situación de violencia requiere una respuesta continuada y coordinada. Los servicios especializados deben tener en cuenta no solo las consecuencias emocionales, sino también las necesidades sociales, familiares y de protección de las víctimas.
Cuando se trata de menores, el acompañamiento debe adaptarse especialmente a su edad y nivel de desarrollo. Las actividades asistidas con animales pueden ofrecer una vía de participación menos rígida, aunque deben realizarse con profesionales cualificados y dentro de un plan de intervención definido.
La protección de las víctimas también exige preservar su intimidad. Por ello, cualquier programa de estas características debe contar con protocolos claros, consentimiento informado, evaluación de riesgos y mecanismos de seguimiento que permitan comprobar su utilidad.
Una visita para conocer el desarrollo de las sesiones
Durante la visita al centro ecuestre, Luis Partida y Ana Dávila han podido conocer el entorno en el que se realizan las sesiones de terapia asistida con caballos. La presencia de representantes municipales y autonómicos pone de relieve la importancia de la colaboración entre las administraciones en la atención a las víctimas de violencia.
Este tipo de cooperación resulta esencial para evitar que el acceso a los recursos dependa del lugar de residencia o de la capacidad económica de las familias. También permite conectar los servicios sociales con otros ámbitos de apoyo y facilitar una atención más estable.
La puesta en marcha y continuidad de programas públicos debe ir acompañada de información transparente sobre sus objetivos, el número de personas atendidas, los profesionales responsables y los resultados obtenidos. Estos datos son necesarios para valorar si la medida responde a las necesidades reales de las víctimas.
La importancia de evaluar los resultados
La terapia asistida con caballos ha despertado interés como recurso complementario en distintos ámbitos de la intervención social y sanitaria. Sin embargo, su aplicación debe basarse en criterios profesionales y no presentarse como una solución única frente a las consecuencias de la violencia.
La evaluación periódica permite identificar qué objetivos se alcanzan, qué perfiles se benefician más de las sesiones y qué cambios pueden introducirse para mejorar la atención. También ayuda a garantizar que los fondos públicos destinados al programa se utilizan de forma eficaz y con todas las garantías.
Para las mujeres y los menores que han vivido violencia, contar con alternativas de apoyo puede marcar una diferencia en el proceso de recuperación. El reto consiste en integrar estas propuestas dentro de una red sólida de protección, con recursos suficientes, seguimiento profesional y una respuesta centrada en los derechos y la seguridad de las víctimas.



