Javier Pujol: la industria del automóvil puede acelerar la autonomía estratégica europea
El refuerzo de la autonomía estratégica europea ha situado de nuevo la Defensa en el centro de las prioridades industriales. En este escenario, la industria de componentes para automoción reclama un papel más visible en el desarrollo de capacidades tecnológicas y productivas que permitan a Europa responder con rapidez, fiabilidad y mayor independencia.
Javier Pujol, presidente de Sernauto, aborda en esta entrevista la relación cada vez más estrecha entre el ecosistema del automóvil y las necesidades de la industria de Defensa. El objetivo no pasa por transformar a los proveedores de automoción en empresas militares, sino por aprovechar sus capacidades en ámbitos como la electrónica, la fabricación avanzada, la movilidad, la digitalización o la gestión de cadenas de suministro.
Una nueva prioridad para la industria europea
Durante años, la competitividad industrial europea se ha analizado principalmente desde la perspectiva del mercado, la eficiencia y la transición energética. Sin embargo, el contexto geopolítico ha incorporado un nuevo factor: la capacidad de producir dentro de Europa determinados bienes, tecnologías y sistemas considerados estratégicos.
La Defensa se encuentra en el centro de este cambio de enfoque. La necesidad de disponer de equipos y soluciones en plazos más cortos obliga a revisar dependencias exteriores, reforzar las capacidades propias y coordinar mejor a administraciones, grandes empresas, pymes y centros tecnológicos.
Para el sector de componentes, esta transformación representa una oportunidad, aunque también exige superar barreras relacionadas con la certificación, la financiación, la contratación pública y el acceso a programas de innovación. Muchas empresas cuentan con tecnología y capacidad industrial, pero no siempre disponen de los recursos necesarios para adaptarse a los requisitos específicos del ámbito militar.
El valor de la tecnología de doble uso
Uno de los puntos clave es el desarrollo de tecnologías de doble uso, capaces de encontrar aplicación tanto en vehículos y sistemas civiles como en soluciones destinadas a la Defensa. La electrónica de potencia, los sensores, los sistemas de comunicación, la inteligencia artificial, la ciberseguridad y la automatización forman parte de este espacio compartido.
La experiencia acumulada por los proveedores de automoción puede resultar especialmente relevante. El sector trabaja con elevados niveles de exigencia en materia de calidad, trazabilidad, seguridad y producción en volumen. Además, las empresas están acostumbradas a integrar cadenas de suministro internacionales y a responder a procesos de homologación complejos.
Estas capacidades pueden trasladarse, con las adaptaciones necesarias, a proyectos vinculados a la movilidad militar, los vehículos no tripulados, la logística inteligente o el mantenimiento predictivo. La fabricación avanzada también puede contribuir a producir piezas y componentes de forma más flexible, reduciendo los tiempos de respuesta ante situaciones de emergencia.
La colaboración como condición para competir
La industria europea no podrá reforzar su posición mediante iniciativas aisladas. La cooperación entre empresas será determinante para combinar el conocimiento especializado de las pymes con la capacidad de integración de los grandes grupos industriales.
En este proceso, las asociaciones sectoriales pueden facilitar el contacto entre compañías, identificar capacidades disponibles y promover proyectos conjuntos. También pueden ayudar a que los proveedores de automoción conozcan mejor las exigencias técnicas, regulatorias y comerciales de la cadena de valor de Defensa.
La colaboración deberá extenderse igualmente a universidades, centros tecnológicos y organismos públicos. El desarrollo de soluciones estratégicas requiere investigación aplicada, bancos de pruebas y programas de financiación estables. Sin esta conexión, Europa corre el riesgo de disponer de talento y empresas competitivas, pero no de los mecanismos necesarios para convertir ese potencial en productos y servicios.
Más agilidad en la contratación y la inversión
La rapidez se ha convertido en un elemento decisivo. Los ciclos industriales tradicionales pueden resultar demasiado lentos cuando se trata de responder a necesidades urgentes o de incorporar tecnologías que evolucionan con gran velocidad.
Por ello, el impulso a la autonomía estratégica europea debe ir acompañado de procedimientos de contratación más ágiles y previsibles. Las empresas necesitan visibilidad sobre la demanda, criterios claros y oportunidades de participación que no queden limitadas a los grandes contratistas.
La financiación será otro factor determinante. Las pequeñas y medianas empresas suelen afrontar mayores dificultades para asumir los costes de adaptación, certificación y desarrollo de prototipos. Facilitar su acceso a programas europeos y nacionales permitiría ampliar la base industrial y evitar una excesiva concentración de capacidades.
Una oportunidad para el ecosistema del automóvil
La conexión entre automoción y Defensa no elimina los retos que afronta el sector, como la electrificación, la descarbonización o la transformación digital. Al contrario, puede abrir nuevas vías de especialización para empresas que deben diversificar sus actividades y encontrar mercados complementarios.
El reto consiste en construir una estrategia industrial coherente, capaz de aprovechar la innovación existente sin perder de vista las particularidades de cada actividad. Europa necesita producir más y depender menos de proveedores externos, pero también debe garantizar que sus empresas puedan competir en coste, tecnología y capacidad de respuesta.
En este contexto, los fabricantes de componentes están llamados a desempeñar un papel relevante. Su conocimiento industrial, su capacidad de adaptación y su presencia en numerosas regiones pueden convertirse en activos estratégicos para una Europa que busca reforzar su seguridad, su resiliencia y su independencia tecnológica.



