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La aterosclerosis empieza mucho antes de lo que parece y puede avanzar sin síntomas

La enfermedad responsable de la mayoría de los infartos no suele aparecer de forma repentina. La aterosclerosis, causada por la acumulación progresiva de placas en las arterias, puede comenzar durante la juventud y avanzar durante años sin provocar molestias. Un gran estudio liderado desde España trabaja para mejorar la detección temprana del riesgo cardiovascular y prevenir sus consecuencias más graves.

Los primeros datos apuntan a que esta alteración está presente, sin síntomas aparentes, en una de cada 13 personas de entre 18 y 29 años. La cifra refuerza la necesidad de revisar cómo se identifica el riesgo cardiovascular en las primeras décadas de vida, cuando muchas personas todavía no consideran que puedan desarrollar una enfermedad del corazón.

Una enfermedad que se construye lentamente

La aterosclerosis se produce cuando se acumulan colesterol, grasas, calcio y otras sustancias en la pared interna de las arterias. Con el tiempo, estos depósitos pueden formar placas que endurecen y estrechan los vasos sanguíneos, dificultando el paso de la sangre.

El proceso puede mantenerse estable durante años. Sin embargo, algunas placas se vuelven frágiles y pueden romperse. Cuando esto ocurre, el organismo forma un coágulo que puede bloquear parcial o totalmente una arteria. Si afecta a las arterias coronarias, puede desencadenar un infarto de miocardio; si compromete la circulación cerebral, puede causar un ictus.

Precisamente su evolución silenciosa dificulta la prevención. Una persona joven puede sentirse sana, practicar deporte con normalidad y no tener ningún síntoma, aunque ya presente cambios iniciales en sus arterias.

El objetivo: detectar el riesgo antes del primer aviso

El estudio busca mejorar la identificación de las personas con mayor probabilidad de desarrollar aterosclerosis y complicaciones cardiovasculares. Para ello, la investigación pretende analizar cómo se relacionan distintos factores: los niveles de colesterol, la presión arterial, el tabaquismo, la diabetes, el exceso de peso, los antecedentes familiares y determinados hábitos de vida.

La prevención tradicional se ha centrado a menudo en personas de mediana edad o en quienes ya presentan factores de riesgo evidentes. No obstante, los investigadores plantean que una evaluación más temprana permitiría actuar antes de que las lesiones arteriales sean extensas o aparezcan síntomas.

La valoración médica puede incluir una entrevista clínica, una exploración física y análisis de sangre. En casos seleccionados, también pueden utilizarse pruebas de imagen para observar el estado de las arterias. Estas herramientas no están indicadas de forma general para toda la población, por lo que deben emplearse según el riesgo individual y bajo criterio sanitario.

Factores que pueden acelerar la aterosclerosis

El colesterol elevado es uno de los principales factores modificables, especialmente cuando existe un exceso de colesterol LDL, conocido popularmente como colesterol malo. También influyen la hipertensión, la diabetes y el tabaquismo, que dañan el endotelio, la capa que recubre el interior de los vasos sanguíneos.

  • Tabaco: favorece la inflamación y acelera el deterioro de las arterias.
  • Alimentación desequilibrada: el exceso de grasas saturadas, sal y productos ultraprocesados aumenta el riesgo cardiovascular.
  • Sedentarismo: se relaciona con mayor probabilidad de obesidad, hipertensión y alteraciones metabólicas.
  • Diabetes y presión arterial alta: pueden lesionar los vasos sanguíneos cuando no están bien controladas.
  • Antecedentes familiares: algunas personas tienen una predisposición genética, como ocurre en ciertas formas de hipercolesterolemia familiar.

La prevención también empieza en la juventud

Detectar un riesgo cardiovascular temprano no significa que una persona vaya a sufrir necesariamente un infarto. Permite, en cambio, conocer mejor su situación y adoptar medidas para reducir la probabilidad de que la enfermedad progrese.

Entre las recomendaciones más importantes se encuentran no fumar, mantener una alimentación basada en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado y aceite de oliva, y realizar actividad física de forma regular. También es conveniente dormir adecuadamente, moderar el consumo de alcohol y mantener un peso saludable.

Las revisiones médicas pueden ayudar a identificar alteraciones que no producen síntomas, como la hipertensión o el colesterol alto. La frecuencia de estos controles depende de la edad, los antecedentes familiares y la presencia de otros factores de riesgo.

Cuándo pedir ayuda urgente

Aunque la aterosclerosis puede avanzar sin avisar, un bloqueo arterial suele producir señales que requieren atención inmediata. El dolor o presión intensa en el pecho, la falta de aire, la sudoración fría, las náuseas o el dolor que se extiende al brazo, la espalda, el cuello o la mandíbula pueden indicar un infarto.

Ante estos síntomas, especialmente si aparecen de forma repentina o duran varios minutos, es necesario llamar al 112. Una actuación rápida puede limitar el daño en el corazón y mejorar las posibilidades de recuperación.

El avance de la investigación permitirá afinar la evaluación del riesgo y orientar mejor las estrategias de prevención. El mensaje principal es claro: la salud cardiovascular no se protege únicamente cuando aparecen los primeros problemas, sino mucho antes, incluso durante la juventud.

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