La mansión de la inteligencia artificial que acumula 37 intervenciones policiales en Silicon Valley
Las llamadas AI houses han elevado el modelo de las antiguas casas de programadores a una versión mucho más exclusiva. En estas mansiones de Silicon Valley, emprendedores, investigadores e inversores de inteligencia artificial conviven, organizan encuentros y buscan oportunidades de negocio. Algunas habitaciones llegan a costar 10.000 dólares al mes.
Una de las residencias más conocidas, AGI House, ha registrado 37 incidentes policiales desde 2022, según los informes de las autoridades locales. De ellos, 17 estuvieron relacionados con fiestas, principalmente por ruido y por la acumulación de vehículos en las calles de un vecindario residencial.
Los registros también incluyen solicitudes para comprobar el bienestar de algunos residentes y una denuncia especialmente grave. Una mujer afirmó que un residente la presionó para mantener relaciones sexuales y que tuvo que escapar saltando una verja. Se trata de denuncias e intervenciones policiales, no de condenas judiciales, pero reflejan las tensiones que rodean a estas comunidades privadas.
De las casas de programadores a los clubes de élite
Hace más de una década, las denominadas hacker houses eran viviendas compartidas por varios informáticos que trabajaban durante días y noches en una idea empresarial. El alquiler se repartía entre los ocupantes y la casa funcionaba como una mezcla de piso compartido, laboratorio e incubadora de empresas tecnológicas.
Ese modelo llegó a estar vinculado a los primeros pasos de compañías que después se convertirían en gigantes del sector. Con el auge de la inteligencia artificial, sin embargo, la fórmula ha cambiado. Ahora se basa en grandes propiedades, alquileres de lujo y una red de contactos cuidadosamente seleccionada.
En San Francisco y Silicon Valley funcionan al menos diez residencias de este tipo. Algunas acumulan listas de espera de más de 40 personas. Quienes pagan no buscan únicamente una habitación: compran la posibilidad de compartir espacio con fundadores de empresas, científicos, inversores y figuras influyentes del sector.
El valor está en la red de contactos
El atractivo principal de estas mansiones no son sus dormitorios ni sus instalaciones, sino el acceso a una comunidad muy concreta. En sus salones se celebran presentaciones de proyectos, reuniones privadas, hackatones y fiestas patrocinadas por grandes empresas y fondos de inversión.
Por estas residencias han pasado personalidades como Sergey Brin, cofundador de Google; Eric Schmidt, antiguo director ejecutivo de la compañía; o Sebastian Thrun, profesor de inteligencia artificial en Stanford. También se han organizado actividades con empresas como OpenAI y Anthropic, además de encuentros respaldados por firmas de capital riesgo.
En este contexto, un hackatón es un evento en el que los participantes desarrollan prototipos tecnológicos en un periodo muy corto, a menudo durante un fin de semana. En el ámbito de la IA, esos proyectos pueden consistir en nuevos modelos de lenguaje, herramientas de automatización o sistemas capaces de analizar grandes volúmenes de datos.
AGI House, una mansión convertida en centro tecnológico
AGI House ocupa una mansión de más de 1.600 metros cuadrados y dispone de ocho habitaciones. El proyecto nació en 2022 bajo el nombre de NeoGenesis, impulsado por el investigador Jeremy Nixon y con inversiones de figuras destacadas del sector. Un año después adoptó su denominación actual y pasó a estar gestionado por el inversor Rocky Yu.
Desde entonces, la propiedad ha funcionado como residencia y punto de encuentro para emprendedores, investigadores e inversores. Su nombre hace referencia a la inteligencia artificial general, conocida como AGI por sus siglas en inglés. El término describe una hipotética tecnología capaz de realizar una amplia variedad de tareas intelectuales con una flexibilidad similar a la humana, algo que todavía no existe.
La mansión ha acogido hackatones, reuniones empresariales y fiestas de gran escala. Entre sus visitantes se han citado nombres como Sergey Brin y la artista Grimes. Sus habitaciones se encuentran entre las más caras de este nuevo circuito residencial tecnológico.
Fiestas de lujo y conflictos vecinales
El historial de AGI House no se limita a las quejas por ruido. La policía de Hillsborough, localidad situada en el área de la bahía de San Francisco, ha acudido en decenas de ocasiones por problemas relacionados con eventos multitudinarios y la ocupación de las calles por vehículos.
Algunas celebraciones han alcanzado una dimensión difícil de conciliar con el entorno residencial. En una fiesta inspirada en Midnight in Paris se instaló una réplica de la Torre Eiffel y los invitados llegaron en carruajes tirados por caballos. En otra ocasión se organizó el vuelo de un coche como parte del espectáculo.
La mansión tampoco es un caso aislado. A unos tres kilómetros funcionó entre 2021 y 2024 otra residencia orientada a la comunidad tecnológica, gestionada por el emprendedor Jimmy Chen. La policía acudió allí al menos 20 veces, principalmente por el ruido, aunque también por un posible secuestro y por una agresión denunciada por el propio Chen.
Tras el cierre de esa vivienda, su propietaria reclamó 200.000 dólares por daños. La demanda incluía desperfectos y una infestación de roedores, un ejemplo de cómo estas experiencias de convivencia pueden dejar consecuencias económicas importantes para los dueños de las propiedades.
Un modelo que busca ser algo más que una residencia
Las AI houses representan la transformación de la antigua cultura emprendedora de Silicon Valley. Ya no son solo espacios para trabajar y dormir mientras se desarrolla una startup. Se han convertido en clubes privados donde el acceso a determinadas personas puede ser tan importante como el proyecto tecnológico.
El modelo ofrece contactos, financiación potencial y visibilidad, pero también plantea dudas sobre la convivencia, la seguridad y la responsabilidad de quienes organizan los eventos. La promesa de construir el futuro de la inteligencia artificial convive así con un presente marcado por el lujo, las fiestas y un creciente historial de conflictos.



