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Instagram se llena de influencers creados con IA, unidos por el mismo pelo imposible y una promesa de dinero rápido

Los personajes digitales generados con inteligencia artificial han encontrado una nueva fórmula para hacerse virales: aspecto extravagante, vídeos de apenas unos segundos y, en algunos casos, una criptomoneda asociada. El fenómeno está creciendo en Instagram y otras redes sociales, aunque su éxito parece depender más de la capacidad de producir memes en serie que de la construcción de una comunidad fiel.

El caso que ha dado pie a esta oleada es el de Jean Phil, un personaje francés con melena rubia a lo paje, bigote retorcido y traje de cuadros. Su primer vídeo conocido en Instagram apareció el 17 de septiembre. Ocho días después, la cuenta ya superaba los 228.000 seguidores y tenía vinculada una criptomoneda propia, JEANPHIL, cuya capitalización llegó a estimarse en 8,8 millones de dólares.

La difusión fue especialmente rápida. Para el 1 de octubre, sus vídeos acumulaban más de 75 millones de visualizaciones en Instagram y el token había alcanzado en algún momento una valoración superior a 12 millones de dólares. Sin embargo, ese mismo día su capitalización había caído por debajo de los 4 millones. La cuenta, que habría sido gestionada desde Bélgica y cambió de nombre de usuario seis veces, dejó de estar disponible en su dirección original y ahora se localiza como jeanphilanthrope.co.

Una estética reconocible y fácil de copiar

El éxito de Jean Phil ha provocado la aparición de decenas de imitadores. La receta se repite con pocas variaciones: un hombre con un corte de pelo imposible, ropa anticuada, un nombre aristocrático o estrafalario y una situación absurda. El personaje puede aparecer pinchando música en una discoteca, boxeando contra un rival invisible o bailando frente a una multitud.

Para producirlos se combinan herramientas de generación de texto, imagen y vídeo. Un modelo como ChatGPT puede ayudar a definir el aspecto y la personalidad del personaje, mientras que plataformas como Seedance 2.5 o Higgsfield AI convierten esas instrucciones en clips animados. Estas tecnologías utilizan modelos de inteligencia artificial entrenados para reconocer patrones y generar contenido nuevo a partir de una descripción escrita.

El resultado no pretende ser necesariamente un influencer tradicional. La mayoría de estos perfiles funcionan como un gag visual: vídeos breves, llamativos y diseñados para que el usuario los vea, los comparta y pase rápidamente al siguiente contenido. En algunos casos, una sola publicación ha logrado millones de reproducciones sin que exista una historia, una personalidad o una relación consolidada con la audiencia.

El negocio está detrás del personaje

La viralidad puede monetizarse de varias formas. Algunos creadores venden cursos para enseñar a fabricar un influencer virtual, mientras que otros recomiendan herramientas de generación de vídeo mediante enlaces de afiliación. También han proliferado tutoriales que prometen explicar cómo crear personajes similares en pocos pasos, aunque las propias plataformas advierten de que no garantizan ingresos.

Higgsfield, una de las empresas que aparecen vinculadas a esta tendencia, promociona desde hace semanas un programa denominado Earn. La iniciativa remunera a usuarios por publicar contenidos creados con su estudio de personajes. La compañía asegura que sus ingresos anuales ya superan los 1.000 millones de dólares, una cifra que sitúa a los proveedores de herramientas como posibles grandes beneficiarios de esta fiebre.

El modelo recuerda a otras oleadas de influencers sintéticos, pero con una diferencia importante: ahora la producción es más rápida, barata y accesible. Cualquier usuario con una cuenta en una plataforma de generación de vídeo puede lanzar varios personajes, probar cuál funciona y sustituirlo si deja de recibir visitas.

Las criptomonedas añaden un riesgo adicional

La otra vía de ingresos son las llamadas memecoins, criptomonedas creadas alrededor de una imagen, una broma o un fenómeno viral. La estrategia suele consistir en lanzar un token asociado al personaje, atraer atención mediante vídeos y publicaciones y generar compras mientras el interés está en máximos.

Cuando los primeros inversores venden y el interés desaparece, el precio puede desplomarse. Esta práctica se conoce como pump and dump: elevar artificialmente la demanda de un activo para vender después con beneficio. No toda caída demuestra que haya existido una manipulación planificada, pero la falta de información sobre quién controla las cuentas y las carteras dificulta valorar cada caso.

En torno a Jean Phil han aparecido al menos seis tokens distintos con el indicador $JEANPHIL. El principal alcanzaba el 19 de octubre una capitalización aproximada de 5,9 millones de dólares, aunque estas cifras pueden cambiar en cuestión de horas. En las memecoins, además, el personaje viral puede ser utilizado por personas que no tienen ninguna relación con su supuesto creador.

Millones de visualizaciones no equivalen a influencia

La nueva tendencia también reabre el debate sobre el futuro de los influencers humanos. Un personaje generado con IA puede producir más vídeos, adaptarse a una moda en cuestión de minutos y publicar sin descanso. Sin embargo, acumular reproducciones no significa haber construido influencia real.

La relación de un creador con su público se apoya en la confianza, la continuidad y una cierta percepción de autenticidad. Jean Phil y sus imitadores no han tenido tiempo de desarrollar esa reputación. De hecho, parte de la audiencia reaccionó con decepción al descubrir que el personaje no era una persona real.

Por eso, el rival directo de estos perfiles quizá no sean los influencers convencionales, sino el meme de moda de cada semana. La inteligencia artificial permite copiar tendencias a gran velocidad y producir cientos de variaciones, pero también acelera su agotamiento. Lo que hoy genera millones de visitas puede quedar olvidado mañana.

La obligación de avisar del contenido artificial

La expansión de estos personajes también plantea obligaciones legales. Desde el 2 de agosto, el artículo 50 del Reglamento europeo de Inteligencia Artificial exige informar cuando una persona ha sido generada o manipulada mediante IA. La norma contempla una excepción para obras claramente satíricas o de ficción, siempre que el aviso se mantenga de forma proporcionada.

Un personaje caricaturesco con bigote de villano, traje imposible y movimientos deliberadamente absurdos podría quedar dentro de esa excepción. Aun así, la frontera no siempre resulta evidente, especialmente cuando el perfil promociona productos, vende cursos o está vinculado a una criptomoneda.

La carrera por crear al próximo personaje viral ya está en marcha. La incógnita es cuánto durará el fenómeno y si estos influencers artificiales lograrán algo más que llamar la atención durante unos segundos.

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