El miedo a un apagón provocado por la IA lleva a Silicon Valley a preparar kits de supervivencia
Un incidente ocurrido en varios supermercados de Francia ha reavivado el temor a que los sistemas de inteligencia artificial puedan utilizarse para atacar infraestructuras esenciales. Aunque no existen pruebas de que la IA estuviera detrás de ese caso, algunos directivos tecnológicos ya se preparan para un escenario en el que un ciberataque afecte a la red eléctrica, las comunicaciones, el sistema financiero o el suministro de agua.
Andreas Stuhlmüller, cofundador y consejero delegado de la empresa de inteligencia artificial Elicit, ha planteado como plausible que en el plazo de un año se produzcan ciberataques asistidos por IA contra infraestructuras estratégicas. Su previsión le ha llevado a recomendar una pequeña reserva doméstica para afrontar varias semanas sin servicios básicos.
Una mochila con conexión a internet, energía y efectivo
La lista de supervivencia tecnológica propuesta por Stuhlmüller incluye efectivo suficiente para cubrir varias semanas de gastos, un terminal Starlink Mini para conectarse a internet mediante satélite, una batería de aproximadamente 1 kWh y un panel solar plegable de 400 vatios.
El coste estimado del equipo básico ronda los 1.250 dólares, sin contar otros elementos esenciales. A esa cantidad habría que añadir al menos 53 litros de agua por persona, alimentos para dos semanas y una radio de emergencia con carga manual.
Un kilovatio hora (kWh) mide la capacidad de almacenamiento de una batería. En términos sencillos, una batería de 1 kWh podría alimentar durante varias horas dispositivos de bajo consumo, como teléfonos, luces LED o un ordenador portátil. El panel de 400 W, por su parte, indica la potencia máxima que puede generar en condiciones adecuadas de luz solar.
La propuesta parte de una hipótesis concreta: que un ataque coordinado con herramientas de IA consiga interrumpir durante días algunos servicios esenciales. No se trata de una predicción confirmada, sino de una estimación personal dentro del creciente debate sobre la seguridad de las infraestructuras conectadas.
El incidente de los supermercados franceses no fue un ataque a la red eléctrica
El caso que ha servido de detonante tuvo lugar en varios supermercados franceses durante el pasado fin de semana. Los sistemas de refrigeración dejaron de funcionar correctamente después de que fueran atacados los controladores utilizados para regular a distancia la temperatura de los frigoríficos.
La agencia francesa de ciberseguridad señaló que el objetivo no eran necesariamente los supermercados, sino los equipos de Danfoss que gestionaban la climatización. La compañía reconoció que muchos de esos dispositivos eran antiguos y ya no recibían actualizaciones de software ni parches de seguridad.
El firmware es el software básico que controla el funcionamiento de un dispositivo. Cuando deja de actualizarse, las vulnerabilidades conocidas pueden permanecer abiertas durante años, incluso aunque el equipo siga funcionando con normalidad.
Por ahora, no hay evidencias de que se utilizara inteligencia artificial en el ataque. La relación entre ambos hechos procede del temor a que técnicas similares puedan automatizarse y utilizarse a una escala mucho mayor. El episodio demuestra, eso sí, cómo un elemento aparentemente secundario puede afectar a la operativa de una cadena de supermercados.
La IA reduce el tiempo necesario para encontrar vulnerabilidades
La preocupación no surge únicamente de la ciencia ficción. Los sistemas de IA pueden analizar grandes cantidades de código, detectar configuraciones débiles y ayudar a generar herramientas para probar redes. Eso no significa que puedan derribar por sí solos una infraestructura compleja, pero sí que pueden reducir el tiempo y los conocimientos necesarios para preparar un ataque.
Anthropic identificó en septiembre de 2025 a un grupo de ciberdelincuentes relacionado con China que utilizó Claude Code para intentar atacar alrededor de 30 objetivos en distintos países. Además, las autoridades estadounidenses ya habían alertado de la presencia de actores estatales en redes de telecomunicaciones.
El concepto de ciberataque asistido por IA describe el uso de modelos capaces de automatizar tareas como el reconocimiento de sistemas, la búsqueda de fallos o la adaptación de código malicioso. La herramienta no sustituye necesariamente al atacante, pero puede acelerar cada fase de la operación.
Los preparacionistas tecnológicos de Silicon Valley
El temor a un colapso tecnológico tampoco comenzó con ChatGPT. En Silicon Valley existe desde hace años una cultura de preparación ante pandemias, guerras, disturbios sociales o fallos generalizados de los sistemas digitales.
Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, explicó en 2016 que disponía de armas, oro, agua, baterías, antibióticos, yoduro de potasio y una propiedad aislada en California. También afirmó que contaba con máscaras antigás y otros recursos para afrontar una emergencia grave.
Ilya Sutskever, antiguo científico jefe de OpenAI, llegó a plantear ante su equipo la construcción de un búnker antes del desarrollo de una inteligencia artificial general. Este concepto hace referencia a una máquina hipotética capaz de realizar una amplia variedad de tareas intelectuales al nivel de una persona o por encima de ella.
La tendencia se extiende entre grandes fortunas tecnológicas. Reid Hoffman, cofundador de LinkedIn, calculó en 2017 que más de la mitad de los millonarios de Silicon Valley disponía de algún tipo de plan de emergencia. Los refugios privados pueden costar desde decenas de miles de dólares hasta varios millones.
Un riesgo posible, pero todavía lleno de incógnitas
Las advertencias de los líderes de la industria contribuyen a mantener esa inquietud. En 2023, Altman y Sutskever firmaron una declaración que situaba el riesgo de extinción asociado a la IA en un nivel comparable al de las pandemias o la guerra nuclear.
Sin embargo, conviene separar los riesgos comprobados de las predicciones más extremas. En Francia, el problema conocido fue la utilización de equipos obsoletos y sin soporte de seguridad, no una superinteligencia capaz de controlar una red nacional.
La posibilidad de ataques más rápidos y automatizados es real, pero el plazo de un año planteado por Stuhlmüller no pasa de ser una previsión. Preparar agua, alimentos, una fuente de energía y medios de comunicación puede ser útil ante distintos tipos de emergencia. Presentarlo como una respuesta específica al apocalipsis de la IA, en cambio, refleja más el clima de ansiedad de Silicon Valley que una amenaza demostrada.



