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Cómo comprobar si un estudio, una sentencia o una ley citada por una IA existe de verdad

Los chatbots de inteligencia artificial responden con una seguridad que puede resultar convincente. Pueden mencionar un estudio publicado en una revista científica, citar un artículo concreto de una ley o atribuir una frase a Einstein. El problema es que, en algunos casos, la referencia no existe, está mal atribuida o no guarda relación con la afirmación.

Este fenómeno se conoce como alucinación de la IA: el sistema genera un contenido falso o impreciso con apariencia de información real. No se trata necesariamente de una mentira intencionada. Los modelos de lenguaje predicen qué palabras son más probables en un contexto, pero no funcionan como una biblioteca que comprueba cada dato antes de ofrecérselo al usuario.

Las referencias inventadas ya han llegado a los tribunales

En 2026, la Sala de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia de Canarias impuso una multa de 840 euros a un abogado por presentar un recurso con al menos 25 sentencias inexistentes o ajenas al caso. Las resoluciones aparecían atribuidas al Tribunal Supremo y al Tribunal Constitucional, con citas entrecomilladas y destacadas en negrita y cursiva.

En febrero, la misma sala había sancionado con 420 euros a otro letrado por citar hasta 48 sentencias falsas sugeridas por una herramienta de inteligencia artificial. El tribunal recordó que utilizar IA no exime a los profesionales de revisar y verificar el contenido. La responsabilidad del escrito corresponde a quien lo firma, no al chatbot.

El problema también afecta a la investigación científica. Una auditoría de casi 2,5 millones de artículos indexados en PubMed concluyó que aproximadamente uno de cada 277 trabajos publicados durante las primeras siete semanas de 2026 incluía una referencia a un estudio inexistente. En 2025 la proporción era de uno de cada 458, frente a uno de cada 2.828 en 2023.

Además, un análisis publicado en 2023 puso a prueba las referencias bibliográficas generadas por ChatGPT-3.5 y GPT-4. El 55 % de las citas creadas por la primera versión y el 18 % de las producidas por la segunda eran inventadas. Las cifras varían según el modelo y la tarea, pero dejan una conclusión clara: una referencia bien escrita no demuestra que sea auténtica.

Un método de cuatro comprobaciones

1. Estudios científicos: comprueba el DOI

El DOI, siglas de Digital Object Identifier, es un identificador permanente asignado a muchos artículos académicos. Está formado por un prefijo y un sufijo separados por una barra, como 10.1000/182. Para comprobarlo, basta con introducir la dirección https://doi.org/ seguida del identificador.

Si la página no existe, dirige a otro artículo o muestra autores, título, revista y año diferentes, la referencia necesita una revisión completa. También conviene buscar el título exacto en bases como PubMed, Google Scholar o el catálogo de la propia revista.

No es suficiente con que aparezca una revista conocida. Hay que verificar que coincidan todos los elementos: autores, título, volumen, número, páginas, fecha de publicación y DOI. Una IA puede combinar datos reales de varios artículos y fabricar una cita aparentemente coherente.

2. Leyes y reglamentos: acude al BOE

La fuente oficial de las normas españolas es el Boletín Oficial del Estado, disponible en boe.es. Allí se pueden consultar la publicación original y, en muchos casos, los textos consolidados, que incorporan las modificaciones posteriores.

Cuando un chatbot mencione una ley, hay que comprobar su nombre completo, número, fecha y artículo. Después conviene leer el artículo dentro de su contexto, ya que una frase aislada puede omitir excepciones, disposiciones transitorias o cambios legislativos.

Para las normas de la Unión Europea, la referencia oficial es EUR-Lex. Si la IA proporciona únicamente un número de ley sin enlace, no debe darse por válido hasta localizarlo en el registro correspondiente.

3. Sentencias: busca la resolución original

Las resoluciones judiciales deben contrastarse en fuentes oficiales o en bases jurídicas fiables. Hay que comprobar el tribunal, la sala, la fecha, el número de recurso y el identificador de la sentencia. También es importante confirmar que el fragmento citado pertenece realmente a esa resolución.

Una señal de alarma aparece cuando la cita utiliza un lenguaje demasiado genérico, no incluye datos procesales o atribuye al tribunal una conclusión que encaja perfectamente con la pregunta planteada. Las comillas no convierten una frase en auténtica: el texto debe poder localizarse palabra por palabra.

4. Frases célebres: realiza una búsqueda exacta

Las atribuciones a personajes históricos son especialmente vulnerables a los errores. Muchas frases se han difundido durante años sin autor conocido y después se han asignado a Einstein, Cervantes, Churchill o Marie Curie porque parecen compatibles con su personalidad o sus ideas.

Para comprobarlas, hay que buscar la frase completa entre comillas y revisar sus apariciones más antiguas. También conviene consultar recopilaciones especializadas de citas, biografías académicas y archivos digitalizados. Si solo aparece en páginas de frases motivacionales o en publicaciones que se copian entre sí, la atribución es dudosa.

Cómo pedir mejores respuestas a un chatbot

La verificación empieza antes de recibir la respuesta. Se puede pedir a la IA que incluya el DOI de cada artículo, el número y enlace de cada norma, los datos completos de cada sentencia y la URL de la fuente original. Aun así, esos enlaces y referencias deben comprobarse manualmente.

  • Verifica dos o tres referencias al azar antes de utilizar el documento.
  • Si una cita falla, revisa todas las demás: el error puede no ser aislado.
  • No cites una fuente que no hayas abierto y leído.
  • Distingue entre una fuente primaria y una página que simplemente la menciona.
  • Comprueba las fechas, porque las normas y los estudios pueden haber sido actualizados.

La regla sirve para un escrito judicial, un trabajo académico, un informe profesional o una publicación en redes sociales: no importa que la respuesta parezca auténtica, sino que puedas llegar a la fuente original. La IA puede ayudar a localizar información y ordenar ideas, pero la comprobación final sigue siendo responsabilidad de quien presenta el contenido como verdadero.

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