Salud Pública pide extremar la prevención tras las inundaciones
Las inundaciones no terminan cuando baja el nivel del agua. En los días posteriores aumentan determinados riesgos para la salud relacionados con la contaminación, la humedad, las heridas, la presencia de insectos y las dificultades para acceder a la medicación habitual. Por ello, las autoridades sanitarias recomiendan actuar con prudencia durante la limpieza y vigilar la aparición de síntomas.
El agua de una inundación puede arrastrar aguas residuales, productos químicos, animales muertos y otros materiales contaminantes. Además, la humedad persistente favorece la aparición de moho y puede empeorar algunas enfermedades respiratorias. La prevención resulta especialmente importante entre niños, personas mayores, embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas.
Evitar el contacto con el agua y el barro contaminados
Siempre que sea posible, conviene mantenerse alejado de las zonas inundadas y no entrar en viviendas, garajes o locales que puedan presentar daños estructurales. El agua estancada puede ocultar agujeros, cristales, cables eléctricos, objetos cortantes y animales desplazados por la corriente.
Para retirar barro o residuos es recomendable utilizar botas impermeables, guantes resistentes, ropa que cubra brazos y piernas y protección ocular si existe riesgo de salpicaduras. Después de la tarea, hay que lavarse bien las manos con agua y jabón, incluso aunque se hayan utilizado guantes.
Las personas con heridas abiertas, defensas bajas o problemas de movilidad deberían evitar participar en las labores de limpieza. Si no hay alternativa, deben cubrir cualquier lesión con apósitos impermeables y cambiar la ropa y el calzado al finalizar.
Heridas, infecciones cutáneas y señales de alarma
Una herida aparentemente leve puede infectarse si entra en contacto con barro o agua contaminada. Se aconseja limpiarla cuanto antes con agua limpia y jabón, retirar con cuidado la suciedad visible y cubrirla con un apósito limpio. No se deben aplicar productos irritantes ni intentar extraer objetos incrustados.
Es necesario consultar con un profesional sanitario si aparece enrojecimiento que se extiende, hinchazón, dolor creciente, calor en la zona, secreción, fiebre o mal estado general. También conviene revisar el estado de vacunación, especialmente la protección frente al tétanos, cuando se han producido cortes o pinchazos con objetos sucios.
Agua y alimentos: precaución hasta recuperar las garantías
Tras una inundación, el agua del grifo puede no ser segura para beber, cocinar, preparar alimentos o cepillarse los dientes. Hasta que las autoridades confirmen su aptitud, deben seguirse sus indicaciones y utilizar agua embotellada o la alternativa recomendada para el consumo.
Los alimentos que hayan estado en contacto con el agua de la inundación deben desecharse, aunque conserven un aspecto normal. También hay que tirar los productos refrigerados o congelados que hayan permanecido demasiado tiempo sin frío suficiente, así como los envases dañados, hinchados o con signos de contaminación.
La limpieza de superficies, utensilios y zonas de preparación de alimentos debe hacerse con productos adecuados y siguiendo las instrucciones de uso. Los menores no deberían acceder a áreas donde todavía haya residuos, moho o agua estancada.
Humedad, moho y problemas respiratorios
Las viviendas afectadas deben ventilarse siempre que sea seguro hacerlo. La ropa, los colchones, los muebles y los materiales porosos que hayan quedado empapados pueden desarrollar moho y, en algunos casos, no ser recuperables. La retirada de moho requiere guantes y protección respiratoria, sobre todo en espacios cerrados.
La tos persistente, los pitidos al respirar, la dificultad respiratoria, la opresión en el pecho o el empeoramiento de un asma o una enfermedad pulmonar requieren valoración médica. Quienes tengan problemas respiratorios deberían evitar permanecer en estancias húmedas o con olor a moho.
Más mosquitos después de las lluvias
El agua acumulada en cubos, macetas, neumáticos, canalones, recipientes y otros objetos puede convertirse en un criadero de mosquitos. Por eso es importante vaciar, tapar o retirar cualquier depósito de agua que no sea imprescindible, tanto en viviendas como en patios, terrazas y zonas comunes.
En las áreas donde se indique, se puede recurrir a repelentes autorizados y a ropa que cubra la mayor parte del cuerpo, especialmente al amanecer y al anochecer. La aparición de fiebre u otros síntomas tras picaduras debe comunicarse a un profesional sanitario, sobre todo si se ha viajado recientemente o existe una alerta epidemiológica.
No interrumpir los tratamientos habituales
Las inundaciones pueden dificultar el acceso a centros de salud, farmacias y tratamientos. Las personas que toman medicación diaria deben comprobar cuanto antes sus existencias y contactar con su centro sanitario o farmacéutico si necesitan renovar una receta, sustituir un medicamento perdido o conservarlo en condiciones adecuadas.
No se recomienda cambiar las dosis ni suspender tratamientos por cuenta propia. La insulina, algunos medicamentos biológicos y otros productos que requieren frío deben revisarse si han estado expuestos a temperaturas inadecuadas.
Ante una urgencia médica, una dificultad respiratoria, una hemorragia, una intoxicación o un empeoramiento repentino, hay que llamar al 112. Para el resto de consultas, conviene utilizar los canales sanitarios habilitados en cada zona y seguir las indicaciones oficiales durante la recuperación.



