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Estados Unidos ordena retirar DeepSeek de los sistemas de sus agencias civiles federales

Washington ha ampliado el veto a la inteligencia artificial china más allá de los sistemas de seguridad nacional. Una nueva orden obliga a las agencias civiles de la rama ejecutiva federal a frenar la compra de productos y servicios desarrollados por DeepSeek y a eliminar los que ya estén instalados en sus sistemas informáticos.

La medida, fechada el 24 de julio de 2026 y publicada ahora en el Federal Register, eleva la presión sobre una compañía que lleva meses en el centro de la disputa tecnológica entre Estados Unidos y China. El conflicto ya no se limita a la capacidad o al precio de sus modelos de IA, sino que afecta también a la seguridad de los datos y a la cadena de proveedores tecnológicos de la Administración.

El veto afecta a las agencias civiles del Gobierno

La orden se dirige a las agencias civiles de la rama ejecutiva federal. Estas entidades deberán detener nuevas adquisiciones relacionadas con DeepSeek y retirar de sus sistemas los productos y servicios de la compañía que ya estén en uso.

El texto contempla excepciones, pero las agencias tendrán que solicitarlas previamente. También quedan fuera de esta disposición los sistemas de seguridad nacional y los sistemas de información compartimentada de esas mismas entidades, que cuentan con sus propios marcos de protección y restricciones.

El alcance práctico puede ser mayor de lo que parece. DeepSeek no solo ofrece un chatbot accesible desde una página web o una aplicación. Sus modelos también se distribuyen mediante una API, una interfaz que permite a otros programas conectarse a un servicio de inteligencia artificial y utilizar sus capacidades.

Eso significa que una herramienta contratada por una agencia federal podría incorporar tecnología de DeepSeek sin mostrar su nombre de forma visible. Si un producto de terceros utiliza una implementación de sus modelos, también puede quedar afectado por la orden, aunque el servicio se comercialice bajo otra marca.

La preocupación de Washington se centra en los datos

El argumento principal de Estados Unidos está relacionado con la información que procesan estos sistemas. El Departamento de Seguridad Nacional sostiene que DeepSeek aloja sus servidores en China y que sus servicios pueden recopilar datos personales, rastrear la actividad de los usuarios y analizar el contenido introducido en las consultas.

La inquietud de las autoridades estadounidenses es que esa información pueda quedar al alcance de organismos chinos en aplicación de la legislación del país. También temen que los datos se combinen con otras fuentes para elaborar perfiles sobre ciudadanos estadounidenses, funcionarios, empresas o programas gubernamentales.

En un sistema de inteligencia artificial, las consultas no siempre se limitan a una pregunta aislada. Los usuarios pueden introducir documentos, código, datos internos o instrucciones de trabajo. Por ello, el uso de un modelo externo en entornos públicos puede convertirse en un riesgo si la información se almacena o procesa fuera del control directo de la Administración.

Un nuevo paso tras las restricciones a los sistemas de inteligencia

La Administración estadounidense ya había iniciado el bloqueo de DeepSeek en determinados entornos federales. Una ley aprobada en diciembre de 2025 encargó al Director de Inteligencia Nacional establecer normas para retirar la aplicación y sus posibles sucesoras de los sistemas de seguridad nacional utilizados por la comunidad de inteligencia.

Aquella legislación permitía excepciones para investigación y para determinados objetivos de seguridad nacional. La nueva orden amplía el perímetro de actuación al conjunto de las agencias civiles de la rama ejecutiva, lo que puede afectar a contratos tecnológicos, herramientas de productividad, servicios de análisis y soluciones de software basadas en modelos de IA.

La disputa también incluye el entrenamiento de modelos

Las sospechas sobre DeepSeek no se limitan a la gestión de los datos. En septiembre, la Agencia de Seguridad Nacional, el FBI y la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras advirtieron sobre campañas de destilación de modelos a gran escala.

La destilación es una técnica mediante la que un sistema de inteligencia artificial aprende a partir de las respuestas generadas por otro modelo. Puede utilizarse de forma legítima para crear modelos más pequeños, rápidos y baratos, pero también puede plantear problemas si se emplea para replicar capacidades sin autorización.

OpenAI y Anthropic han acusado a DeepSeek de intentar utilizar sus sistemas con ese objetivo. La compañía china figura entre las empresas señaladas en las advertencias de las agencias estadounidenses, aunque el debate sobre las pruebas y el alcance de estas prácticas continúa abierto.

Pekín acusa a Washington de politizar la tecnología

China rechaza las acusaciones y considera que Estados Unidos está ampliando de forma excesiva el concepto de seguridad nacional. Pekín también acusa a Washington de convertir una disputa tecnológica y comercial en una cuestión política.

El Ministerio de Exteriores chino ha asegurado que defenderá los derechos e intereses legítimos de sus empresas. La respuesta anticipa una nueva fase de tensión en un sector en el que los modelos de inteligencia artificial se han convertido en activos estratégicos, junto con los chips, los centros de datos y las infraestructuras en la nube.

Con esta decisión, Estados Unidos establece un criterio más amplio para controlar la tecnología que utiliza su Administración: no solo importa qué aplicaciones instala directamente, sino también qué modelos funcionan detrás de los servicios contratados. Para las empresas proveedoras, demostrar el origen de cada componente de IA y garantizar dónde se procesan los datos será cada vez más importante.

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