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La IA ya automatiza ciberataques: 1.200 webs atacadas y más de 100 comprometidas

La inteligencia artificial está acelerando una transformación profunda en la ciberseguridad. Un reciente caso ha demostrado que una sola persona puede lanzar una campaña contra cientos de objetivos y delegar en sistemas autónomos buena parte de las tareas que antes requerían conocimientos técnicos, supervisión constante y muchas horas de trabajo.

Un atacante de habla china proporcionó instrucciones de menos de 100 caracteres a varios agentes de inteligencia artificial y los dirigió contra más de 1.200 sitios web. Al finalizar la campaña, más de 100 habían sido comprometidos, aunque no todos los intentos tuvieron éxito ni se ha podido determinar cuántos datos fueron extraídos.

Entre las organizaciones afectadas figuraban páginas relacionadas con Deere, SharkNinja y Cummins. El dato más relevante no es únicamente el número de objetivos, sino la capacidad de la IA para mantener investigaciones, probar diferentes caminos y encadenar acciones durante horas sin que una persona tenga que indicar cada paso.

De los scripts automáticos a los agentes autónomos

Hasta ahora, muchos ataques automatizados se basaban en programas diseñados para repetir una tarea concreta: comprobar contraseñas, escanear puertos o buscar una vulnerabilidad conocida. Los nuevos sistemas agénticos funcionan de una forma más flexible.

Un agente de IA es un sistema capaz de recibir un objetivo, dividirlo en tareas, utilizar herramientas, guardar los resultados y decidir cuál debe ser el siguiente movimiento. En lugar de limitarse a responder a una petición, mantiene una cadena de acciones orientada a conseguir un resultado.

En este caso, el sistema utilizado para coordinar el trabajo podía distribuir funciones entre varios agentes. Estos compartían los hallazgos y ajustaban sus intentos según la información obtenida. La combinación permitía investigar infraestructuras, localizar servicios expuestos y probar posibles vías de acceso con una autonomía muy superior a la de un script convencional.

Una intrusión que se prolongó durante horas

Uno de los episodios analizados muestra el alcance de esta nueva generación de herramientas. Después de no encontrar una vulnerabilidad útil en la aplicación pública de una gran compañía, los agentes rastrearon registros digitales para identificar otras infraestructuras vinculadas a la organización.

El sistema localizó un panel accesible desde Internet y detectó una debilidad poco evidente en el procesamiento de datos. A continuación, realizó distintos experimentos hasta que sus operadores recibieron un informe en el que aseguraba haber conseguido que el servidor ejecutara comandos.

La secuencia resulta especialmente significativa porque no dependía de una única vulnerabilidad conocida ni de instrucciones detalladas para cada acción. La IA podía revisar los resultados, descartar una vía fallida y continuar por otra. Esa capacidad de adaptación es la que eleva el riesgo para empresas con infraestructuras complejas.

Un coste de alrededor de 50 dólares por acceso logrado

Los proyectos que alcanzaron su objetivo tardaron de media algo menos de 23 horas. Sin embargo, ese tiempo no equivale a 23 horas de trabajo humano. La mayor parte de la actividad se desarrolló de forma automatizada mientras una persona podía mantener activos numerosos intentos en paralelo.

Las estimaciones disponibles sitúan el gasto total de la campaña en unos 5.000 dólares en tokens, las unidades que utilizan los modelos de IA para procesar texto y generar respuestas. El cálculo apunta a un coste aproximado de 50 dólares por compromiso conseguido, aunque no se trata de una factura observada directamente y debe interpretarse como una estimación.

La reducción del coste cambia la economía de los ataques. Una operación que antes exigía varios especialistas puede ejecutarse ahora con una supervisión limitada, ampliando de forma considerable el número de organizaciones que una misma persona puede intentar comprometer.

Las técnicas no son nuevas, pero sí la escala

La inteligencia artificial no ha inventado la mayoría de los métodos empleados. Los ataques continúan apoyándose en vulnerabilidades conocidas, credenciales robadas, configuraciones deficientes y servicios expuestos en Internet.

La novedad está en la capacidad de combinar esas técnicas y mantenerlas activas durante largos periodos. Informes de empresas de seguridad ya han documentado operaciones en las que sistemas agénticos realizan reconocimiento, buscan puntos débiles, prueban métodos de explotación y preparan la extracción de información.

El factor decisivo es la escala. Un atacante puede pasar de gestionar manualmente unos pocos objetivos a supervisar decenas o cientos de procesos simultáneos. La IA no elimina la necesidad de tomar decisiones humanas, pero permite retrasar mucho el momento en que esas decisiones son necesarias.

Más permisos, más riesgo para las empresas

El problema no afecta solo a los delincuentes que utilizan estas herramientas. También aumenta cuando las propias compañías integran agentes de IA con acceso a bases de datos, aplicaciones internas o servicios en la nube.

Cuantos más permisos tiene un agente, mayor es el impacto potencial de un error, una manipulación o una cuenta comprometida. Por eso, los especialistas recomiendan aplicar el principio de mínimo privilegio: cada sistema debe disponer únicamente de los accesos imprescindibles para realizar su función.

También resulta necesario registrar las acciones de los agentes, establecer límites claros, exigir autorización humana para operaciones sensibles y revisar de forma continua las conexiones entre modelos, herramientas y datos corporativos.

La inteligencia artificial no convierte automáticamente cualquier intento en una brecha grave. La intervención humana sigue siendo importante para elegir objetivos, interpretar resultados y monetizar los accesos. Pero el equilibrio está cambiando: una sola persona puede hacer ahora mucho más antes de necesitar ayuda. La ciberseguridad entra así en una etapa en la que la velocidad, la automatización y la supervisión serán tan importantes como la vulnerabilidad inicial.

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