El recién nombrado nuevo director musical de la Ópera de París Gustavo Dudamel: “Los radicalismos nunca funcionan”

El nuevo director musical de la Ópera de París ve en su designación una manera de “abrir camino” a los jóvenes  en Latinoamérica. Es una señal de que la música culta se ha modernizado y debe continuar haciéndolo. No puede irse encerrando en una caja cada vez más reducida, expone

Durante el confinamiento colectivo del año pasado, Gustavo Dudamel (Barquisimeto, Venezuela, 40 años) se vio forzado a salir de la vorágine en la que se había transformado su vida. “Me permitió reinventarme, vivir todo lo que no tenía tiempo de vivir como era debido, tanto en mi vida familiar como en mi trabajo”, aseguraba el miércoles en un elegante hotel de aires neoyorquinos en todo el centro de Barcelona, un “segundo hogar” al que entró saludando al personal con efusividad, corroborando esa reputación de bonhomía que le precede y que, cosa extraña, nunca parece sobreactuada.

Gustavo Dudamel, nuevo director musical de la Ópera de París, señala que no sabe si es el cambio de década, pero anteriormente pensaba mucho, era muy autocrítico, se autoflagelaba al salir de los conciertos. En este momento trata de hallar un equilibrio que le permita sentirse lleno, suelta sin preámbulo Dudamel, recién nombrado nuevo director musical de la Ópera de París. A lo largo de las próximas seis temporadas, armonizara este cargo con el de jefe de la Filarmónica de Los Ángeles, institución que encabeza desde 2009.

Al frente de la Ópera de París, su plan radicara en alternar títulos valiosos de la historia de la ópera con un nuevo repertorio, produciendo una proporción entre lo tradicional y lo nuevo. Una línea similar a la que desarrolló con éxito en la Filarmónica de Los Ángeles, aun cuando en París tendrá que priorizar lo lírico ante lo sinfónico. Agrega que aun así, no viene con la intención de repetir la misma receta, porque no le apetece y porque son sitios muy diferentes. Lo que sí puede hacer es utilizar lo que ha aprendido e implementar cosas de las que se siente orgulloso, expone. En su primera temporada, dirigirá Turandot y Las bodas de Figaro, una en cada una de las dos salas de la Ópera de París, la sede histórica del Palais Garnier y la fortaleza ochentera de la Bastilla. Igualmente ha planificado conciertos sinfónicos de Ravel, Mozart, Berlioz, Mahler o Boulez, que le consentirán “encontrar un sonido” junto a su nueva orquesta. Después vendrán “los nuevos compositores y las óperas nunca representadas”, los proyectos con artistas de otras disciplinas y músicos pop, como los que ha trabajado en Los Ángeles, que aspira a colocar en escena fuera de esas dos localidades oficiales. “Romper esas barreras es la mejor forma de hacer que el público se acerque”, asegura Dudamel. “Es una de las deficiencias de las instituciones artísticas: seguimos creyendo que el público debe venir a nosotros y no al revés”.

Triunfo memorable de Gustavo Dudamel en su debut en el Liceu

El origen de su designación se encuentra en su primera y, hasta la fecha, única cooperación con la Ópera de París, donde dirigió La Bohème de Puccini en 2017 con una polémica colocada en escena de Claus Guth, que resolvió ubicarla en un futuro distópico. “Hubo una conexión maravillosa con la orquesta y el coro. Fue una de mis experiencias operísticas más especiales, hasta el punto que ha terminado así de bien”, recuerda Dudamel. La oferta no se precisó hasta que Alexander Neef, alemán de 46 años y discípulo del fallecido Gérard Mortier, fue nombrado el año pasado máximo responsable de la institución en reemplazo del incombustible Stéphane Lissner, al borde de la jubilación. Su perfil de superestrella y su soltura en distintos registros estimularon la candidatura de Dudamel, pero igualmente el generoso recuerdo que había dejado en los músicos de una orquesta distinguida por su dureza humana.

Dudamel, aficionado del ensayo como una coproducción entre el maestro y sus músicos, en uno de los templos más alborotado del arte lírico europeo. Su flamante director sabe el inmenso historial de pugnas en esta institución, donde han proliferado las presiones y las huelgas. Su amigo Benjamin Millepied, otro angelino de adopción, lanzo la toalla tras solo dos años al frente del ballet de esta misma Ópera, no fue capaz de empujar la renovación que quería. Él expresa que le da respeto, pero no miedo. “Si tuviera miedo, habría dicho que no. No me expondría a esto, y aún menos en un momento tan complejo”, afirmo Dudamel, que toma la dirección de una institución que perdió 45 millones de euros por las anulaciones de 2020 y que se halla, conforme  sus propios responsables, a la orilla de la quiebra. “Suelo ver las dificultades como oportunidades. Si hay problemas, habrá que solucionarlos. Después, no siempre tenemos que estar de acuerdo en todo. De las ideas antagónicas puede salir algo maravilloso”, agrega.

Un latinoamericano en París

Su designación transforma a Dudamel en uno de los primeros latinoamericanos, a la par de  argentinoisraelí Daniel Barenboim, al frente de una gran ópera europea y  comprueba que existen otras vías para adueñarse de la excelencia que el modelo vienés del conservatorio y su culto al solista. Esos tiempos han variado un poco. La música es muy valiosa en su país, pero no es equiparable con los sitios donde nació y se desarrolló. Antedicho esto, el Sistema ha sido un ejemplo de variación de la enseñanza en algunos puntos del mundo, inclusive los propios conservatorios, valora. El fruto de esa pedagogía alternativa llega en este momento al corazón de la Ópera de París.

En este sentido, un latinoamericano en la Opera de  Paris hay que verla como  un simbolismo importante, ya que transfiere un mensaje positivo a una nueva generación. Varios van al frente abriendo camino para que otros puedan seguirlos. Y el aun ha llegado aquí de la nada: es el resultado de la evolución de un sistema que lo  aventaja. Señala que su maestro, José Antonio Abreu, fundador del Sistema, Estaría feliz. Mejor dicho, está muy feliz. Habla con él a menudo, expresa sobre su mentor, fallecido en 2018. Sus desacuerdos con el régimen de Nicolás Maduro le  impidieron que asistiera a su funeral en Venezuela, que no pisa desde hace años. Pero tiene la esperanza de volver pronto, lo antes posible, jura Dudamel con trémolos en la voz. Le duele demasiado la situación, pero tiene fe en su país y señala, que saldrá de esta coyuntura. Hay que conseguir puntos de encuentro al margen de la política, en la propia sociedad. Los venezolanos están hastiados. Quieren vivir y no sobrevivir, agrega.

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