¿La mujer más poderosa de Japón está cancelando los Juegos Olímpicos?

Casi dos meses antes de los Juegos Olímpicos, Japón se pregunta si la gobernadora de Tokio cancelará el controvertido evento. Sería un paso innovador de Yuriko Koike y una declaración de guerra al desafortunado Primer Ministro Suga.

Casi dos meses antes de los Juegos Olímpicos, Japón se pregunta si la gobernadora de Tokio cancelará el controvertido evento. Sería un paso innovador de Yuriko Koike y una declaración de guerra al desafortunado Primer Ministro Suga.

Cuando Yuriko Koike da sus conferencias de prensa de Covid-19, todo Japón está atento. Aun cuando solo es la jefa de la ciudad de Tokio, la ex presentadora de televisión conoce cómo colocar en escena la política. Cuando entra al salón, seguida por sus funcionarios, todos con uniformes verde grisáceos, brilla como el polo opuesto al impopular y desventurado Primer Ministro Yoshihide Suga, de 72 años.

El ídolo político de Japón probablemente podría suplicar al mundo entero a que perdone a Tokio. Podría cancelar los Juegos Olímpicos de Verano motivado a la crisis de la pandemia. Los medios locales conjeturan casi todos los días si la anfitriona se atreve a dar este paso, que posiblemente sea extremadamente popular en casa, en el último minuto, dos meses antes del gran evento.

Pocas personas vacunadas, muchos invitados

El gobierno ha comunicado que no permitirá que los espectadores extranjeros asistan a los juegos. Pero la entrada esperada de aproximadamente de 10,000 atletas y la misma cantidad de funcionarios y reporteros de nuevo parece intimidante  para algunos. Porque el gobierno de Suga comenzó muy tarde a vacunar a la población contra el Covid-19; la cantidad de inmunizados es menor que en casi ningún otro país industrial líder.

Recientemente, el gobierno solicito a cientos de médicos y enfermeras que se propongan como voluntarios para los juegos. El sindicato de médicos protesta contra esto. Su jefe, Naoto Ueyama, previno el jueves: «Bajo ciertas circunstancias, el sistema regional de salud podría colapsar», los juegos tendrían que ser cancelados.

Dado el incremento del enfado por los Juegos, el Gobernador Koike es en este momento el centro de atención. Muchos esperan que la anfitriona saque a Japón de la pesadilla olímpica.

De esta forma, un escenario muy debatido, probablemente lograría aprovechar su última oportunidad y transformarse en la primera jefa de gobierno japonesa. Porque en otoño, el primer ministro Suga tiene que disolver la Cámara de los Comunes y llamar nuevas elecciones. Con el apoyo de renegados del partido gobernante conservador y partes de la oposición, podría ser elegida Primera Ministra.

No sería la primera vez que la mujer más poderosa de Japón produzca una sacudida política. Cuando se postuló con éxito para gobernadora de Tokio hace cinco años, rompió con los jefes del partido gobernante, los conservadores Demócratas Liberales. En cuestión de días, edifico su propio partido, «Tokio Primero», a partir de la tierra. Previamente, fue la primera mujer en Japón en ser elevada a Ministra de Defensa. Últimamente, hizo una ayuda decisiva a la renuncia de Yoshiro Mori, el jefe del comité organizador olímpico y adversario de Koike. El hombre de 83 años había declarado su inquietud por permitir más mujeres oficiales en las tablas deportivas. Su argumento: las mujeres hablan demasiado.

Un paso revolucionario, en dos aspectos

Y ahora Koike podría aventurarse a dar el paso progresista para Japón y, al mismo tiempo, posicionarse para el cargo de primera ministra. Algunos en el partido oficialista, que ha gobernado casi permanentemente desde 1955 y está gobernado por hombres muy viejos, tiemblan ante eso. Koike aprendió desde el comienzo a afianzarse entre los machos: estudió en El Cairo y creció en una familia cosmopolita. Su padre, un importador de petróleo, comerciaba en Oriente Medio. Políticamente, ella es conservadora. Sobre todo, no obstante, se trata de ella misma: «Emperatriz Yuriko Koike» es el nombre de un libro crítico sobre los métodos con los que ascendió Koike.

Entonces, ¿la titular dela  esperanza está encargándose ahora de su mayor riesgo político y cancelando los juegos impopulares? Tiene que calibrar cuantiosos riesgos. Pero no tiene bastante tiempo. El 4 de julio, las elecciones para el parlamento de la ciudad se llevarán a cabo en Tokio y los juegos empiezan el 23 de julio.

Koike se confrontaría a poderosos oponentes en caso de cancelación: en primer lugar, está el Comité Olímpico Internacional. Posiblemente haría que Japón pagara caro renunciar al lucrativo negocio deportivo, la pérdida de ingresos, los derechos de televisión y el dinero de los patrocinios. Y están el Primer Ministro Suga y los directores de empresas locales: todos han invertido en los Juegos, política o económicamente. Esperan que el megaevento se lleve a realizar, sin importar cómo, con o sin espectadores.

Suga más o menos ha relacionado su destino político a los juegos, sobre todo porque apenas tiene otros éxitos. La reputación de su gobierno se ha considerado perjudicado por los escándalos de corrupción. Aparenta obsesionado con los juegos: al parecer, con vistas al relevo de la antorcha olímpica, que empezó el 25 de marzo, levantó la emergencia de la corona virus; poco después tuvo que establecerlas nuevamente. El lunes pasado, Suga defendió obstinadamente los juegos frente a las censuras de la oposición. Más de una docena de veces en el parlamento repitió casi siempre la misma frase: «Haré todo lo posible para proteger la vida y la salud de la población y garantizar que los juegos sean seguros».

Tal vez el primer ministro tenga suerte y los juegos, o lo que quede de ellos, continuaran adelante sin grandes brotes de infección. Los atletas deben vivir en cuarentena en Tokio e irse inmediatamente después de sus competencias. El contacto con la población local está prohibido en gran medida. Pero es posible que el trabajo por la higiene y el aislamiento incremente también más los costos de los juegos.

Si la pandemia empeora, Koike, como jefe de la ciudad, igualmente tendría que asumir la responsabilidad. En este momento tiene que cuantificar qué riesgo evalúa mayor: los juegos o el intento de promocionar su carrera cancelando el evento.

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