Los científicos han puesto la voz de alarma ante la resistencia a los fármacos en contra de la malaria en África

La resistencia a los medicamentos en contra la malaria en África podría apenas estar empezando a afianzarse, conforme a un estudio que ha analizado cambios iguales a los que se observaron hace una década en el momento en que la resistencia a los medicamentos se había extendido por el sudeste asiático.

En Camboya y los países vecinos, los compuestos farmacéuticos de artemisinina que son utilizado de una forma amplia en contra de la malaria ya no tienen siempre eficacia. Desarrollaron mutaciones genéticas los parásitos de la malaria falciparum, que les vaya a permitir que se evadan los fármacos. Ha habido gran preocupación de que esta resistencia que hay ante los medicamentos pueda ser extendida hasta África, ya que tiene una mayor carga de casos de ese tipo de malaria y el mayor número de muertes infantiles por causa de esta. Solamente en África el número de menores que han fallecido ha ascendido anualmente a los 250.000.

Este miércoles de publicó un estudio en Ruanda, en la revista ‘Lancet Infectious Diseases’, el cual mostraba que la temida erosión de la eficacia de los medicamentos en contra de ls malaria podría haber empezado. Tal como ocurrió en el sudeste asiático, los investigadores descubrieron que se le administre a un niño un ciclo de medicamentos compuestos de artemisinina no siempre ha eliminado los parásitos de la malaria de su sangre en tres días, tal como debería actuar.

Las artemisininas, que se introdujeron en los inicios de la década del 2000 en China, fueron administradas en combinación con un tipo diferente de medicamento en contra de la malaria para que se garantice que se eliminen todos los parásitos y que la eficacia de estos medicamentos no vaya a verse comprometida. La combinación más habitual es arteméter-lumefantrina, que Ruanda empezó a utilizar en el año 2006.

Si este medicamento de artemisinina no elimina los parásitos de una forma rápida dentro de los tres días, el medicamento que se encuentra asociado se va a ver sometido en presión y, al mismo tiempo, va a poder ser desarrollada resistencia. En ese instante, el tratamiento va a poder fallar, tal como ha ocurrido en el sudeste asiático.

«Las mutaciones pueden surgir espontáneamente y estudios previos han apuntado a casos aislados de resistencia. Sin embargo, nuestro nuevo estudio muestra que los aislamientos resistentes están comenzando a volverse más comunes y, lo que es más importante, están asociados con implicaciones clínicas (eliminación tardía del parásito)» ha explicado Aline Uwimana, del Centro Biomédico de Ruanda, en Kigali y es la autora principal de este estudio.

Los expertos han pedido una vigilancia que es más intensiva de la farmacorresistencia en Ruanda y otros países africanos. «Nuestro estudio mostró que el tratamiento para la malaria en Ruanda todavía es 94% efectivo, pero se necesitan con urgencia nuevos estudios y monitoreo continuo», fue afirmado por Naomi Lucchi, quien es la asesora residente de los CDC para la Iniciativa en contra de la malaria del presidente de EE. UU y coautora del estudio.

Los investigadores estuvieron monitoreando el tratamiento de 224 niños que tenían malaria de seis meses a cinco años en tres áreas de Ruanda: Masaka, Rukara y Bugarama. En dos de estos sitios, un aproximado del 15% de los niños aún tenían parásitos que eran detectables más tarde de tres días, lo que se ajustaba a los criterios de resistencia parcial de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los investigadores de igual forma, hallaron ciertas mutaciones en los parásitos, que se encontraban implicados por la OMS en el retraso en la eliminación.

Los expertos tienen la creencia de que las señales de advertencia se encuentran ahí. Dicho estudio, y otros datos, han sugerido que nos encontramos «al borde de una resistencia a la artemisinina clínicamente significativa en África, como surgió en el sudeste asiático hace más de una década», escribía el profesor Philip Rosenthal, de la Universidad de California, San Francisco, en un comentario en esta revista.

«La pérdida de eficacia de los ACT clave (terapias combinadas basadas en artemisinina), en particular arteméter-lumefantrina, el antipalúdico más utilizado, podría tener consecuencias nefastas, como ocurrió cuando la resistencia a la cloroquina provocó un enorme aumento de las muertes por paludismo a finales del siglo XX», aseguraba Rosenthal.

 

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